POEMAS
ebook

POEMAS

Código de artículo:
E1000173229
Editorial:
LINKGUA
Fecha edición:
Materia
Libros para Todos
ISBN:
9788498979923
Formato:
EPUB
Idioma:
Español
Tipo de libro:
Ebook
DRM
Si

La poesía de Luisa Pérez de Zambrana pertenece a la tradición romántica de la literatura cubana. Sus poemas se distinguen por la claridad del lenguaje dentro de la segunda época del romanticismo en la isla. Los Poemas de Luisa Pérez de Zambrana pertenecen a la tradición romántica de la literatura cubana. Se distinguen por la claridad del lenguaje dentro de la segunda época del romanticismo en la isla. Fragmento de la obra Mi casita blanca En medio de esta paz tan lisonjera que nunca turba doloroso invierno no sé por qué de mi alma se apodera siempre un recuerdo pesaroso y tierno. Un recuerdo tan grato como triste, que convida a llorar, pero no abruma, un celeste recuerdo que se viste de aromas, de celajes y de espuma. Que trae de un bosque la amorosa sombra, que trae de un río el cariñoso ruido, cuyo rumor dulcísimo me nombra algún pasado que me fue querido. No sé si es sueño; pero entonces creo conocer el murmullo de la ola, y entre las ramas levantarse veo mi casita de guano, blanca y sola. ¡Oh mi verde retiro! quién pudiera ver otra vez tus deliciosos llanos, y quién bajo tus álamos volviera como antes a jugar con mis hermanos. Y ver mi lago de color de cielo donde yo con mis pájaros bebía, mi loma tan querida, mi arroyuelo, mi palma verde a cuyo pie dormía. Mis árboles mirándose en el río, mis flores contemplando las estrellas, mis silenciosas gotas de rocío y mis rayos de Sol temblando en ellas. ¡Oh mi casita blanca! recordando el tiempo que pasara sin congojas, viendo correr el agua y escuchando el himno cadencioso de las hojas, he llorado mil veces; que allí amaba una rama de tilo, un soto umbrío, un lirio, un pajarillo que pasaba, una nube, una gota de rocío. ¡Oh mi risueño hogar! ¡oh nido amado! ¡lleno de suavidad y de inocencia! que en tu musgo sedoso y azulado se deshoje la flor de mi existencia. Y cuando llegue entristecida y grave la muerte con las manos sobre el pecho, mire vagar como un celaje suave el ángel de la paz sobre mi lecho. Y al cerrar mis pupilas dulcemente que vaya la virtud sencilla y pura a apoyar melancólica la frente en la cruz de mi triste sepultura.

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