Traicionar la memoria de las víctimas del horror es traicionarnos a nosotros mismos. Cafés con el diablo describe algunos abismos del mal entre los que ha transcurrido y aún transcurre nuestra existencia, a los que sólo nos asomamos de forma ocasional y somera en reportajes de televisión y artículos de prensa, cuya brevedad -y, últimamente- escasez no nos permite mantenernos conscientes de su gravedad ni, por tanto, combatirlos.