Es habitual considerar que la ciencia y el arte conforman ámbitos opuestos y excluyentes, un tanto marcados por la objetividad y la subjetividad de las respectivas disciplinas. Sin embargo, en este libro que es fruto de una conversación de largo plazo entre el físico Gerardo Herrera Corral y el artista plástico Sebastian, se subvierten las categorías y conclusiones de la mecánica cuántica dependen fuertemente de las perspectivas del observador, igualmente el arte es capaz de incorporar de manera lúdica e imaginativa elementos provenientes del discurso científico.