Somos humanos porque la inteligencia nos capacita para hacer cosas que ningún otro ser vivo puede llevar a cabo. Probablemente sea la capacidad más ambicionada, aquella que todos queremos (o creemos) reconocer tanto en nosotros como en nuestros seres queridos. Por eso, no es de extrañar que hayan proliferado infinidad de teorías que pretenden explicar en qué consiste y cómo medirla, y no menos métodos que nos ofrecen la posibilidad de desarrollarla a placer. Pero ¿qué hay de verdad en todo ello?