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Este libro es el último que Antonio Marzal acabó antes de que la muerte se lo llevara en el despertar de la primavera del 2005. Es también el último de una serie consagrada al Derecho social comparado, que él inauguró al organizar en 1995 un primer seminario dedicado a la crisis del Estado de bienestar . Este título podía entenderse tanto en su sentido técnico (el cuestionamiento del andamiaje del Estado providencia), como también en su sentido filosófico y político, como una interrogación sobre el estado de malestar que ya había empezado a apoderarse de Europa y que desde entonces no ha hecho más que acrecentar la fuerza de su presencia. Y esta interrogación ha continuado planteándose a lo largo de los volúmenes siguientes, sucesivamente consagrados a los efectos del desempleo de los hombres, a la protección de su salud, a la función social de la empresa y, finalmente, en la presente obra, al devenir de la huelga. Estos cinco volúmenes forman un todo y ofrecen una visión comparativa sin parangón del final de una época, así como también del inicio de otra, de rasgos todavía inciertos. Lejos de hacer desaparecer el problema de la justicia en el reparto del trabajo y de sus frutos, el retroceso desde hace 20 años del papel tutelar del Estado sobre la economía y la sociedad, lo ha exacerbado todavía más.Antonio Marzal no era de esos juristas, habilidosos fontaneros , que se plantean el Derecho como un sistema de tuberías por el que circulan créditos y deudas pero que hacen recaer sobre otros el cometido de definir para qué sirve todo ello. Hombre de gran cultura, y también hombre animado por una fe profunda, sabía que en Derecho no se construye nada sólido ni duradero que no descanse sobre un sistema de valores que conceda a los hombres mayor valor que a las cosas: no es posible una comprensión ni un dominio del ser humano sin una creencia compartida en un deber-ser. En este terreno, en el que el sein y el sollen no se hallan contrapuestos, sino indisolublemente unidos, los positivistas más profundos pueden entenderse con los creyentes más clarividentes. Sobre todo cuando su vida pasada ha revelado una misma capacidad de poner en práctica sus valores, y de alzarse y oponerse al despotismo político e intelectual. De semejante entendimiento es fruto esta serie de obras: fruto de la amistad y de la complicidad entre Gérard Lyon-Caen, el viejo comunista, y Antonio Marzal, el viejo jesuita, quien en su prólogo recuerda el papel determinante que esta amistad ha jugado en esta empresa intelectual.Empresa de apariencia modesta, pero en realidad bien rara en el mundo universitario europeo de hoy. Contar con pequeños grupos, y no con grandes coloquios; reflexionar juntos sobre una problemática común en sesiones intensas de trabajo, en vez de yuxtaponer soliloquios; elegir pensar las transformaciones del Derecho social en Europa en otras lenguas que el inglés: tantos rasgos tan poco banales y que hacen de este conjunto de obras un instrumento único de comp