Estamos ante una obra extrañamente natural. Casi orgánica y al mismo tiempo mitológica. Cada relato es por completo distinto al anterior, y sin embargo, parecen haber sido pensados juntos. Es la fuerza de una voz que, aunque en noches o años distantes, guarda maneras y tonos que reflejan una completa identidad. Diversa, pero hilada con proximidades. Por momentos, la literatura y ciertos autores se reinventan. Renacen en el agua, en el inframundo o en los baños y colonias de la Ciudad de México, y ya son otra cosa. Es posible que el lector o la lectora entre en un ambiente, en dos, en tres como en un edificio lleno de espacios habitados que no se parecen en nada; o que serpentee por el texto y descubra que fluye como río, como palabras. Muchas voces hablan y es difícil no querer escucharlas. Pablo Tasso