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Diez años antes de la llegada de los españoles a Tenochtitlán comenzaron a mostrarse ocho portentos que preanunciaban la decadencia de México. En el sexto de dichos portentos se trataba de La Llorona , que vagaba por las calles y entre alaridos y llanto preguntaba:- Mis queridos hijitos, ¿adónde los llevaré? - A la luz de la psicología de C. G. Jung se trata en tales fenómenos de la psique inconsciente. El contenido que aquí se muestra corresponde al anima, aquel componente de la psique masculina que ostenta rasgos femeninos y suele aparecer en los casos en que la actitud vital consciente ya no es suficiente. Todo mediano conocedor de la historia de la conquista de México sabe ahora que los mexicanos de aquella época adoptaron hacia los invasores una actitud poco adecuada. No pudieron adaptarse a la dificultad exterior, y en realidad esto era porque en ese momento no estaban en orden con su propio mundo interior; no vivían de acuerdo consigo mismos. Entonces los mexicanos se encontraban en la cúspide del desarrollo de su consciencia, con la que habían obtenido una muy alta cultura, ciencia y civilización. Pero el desarrollo de tan alta consciencia , a menudo despoja a esta última de sus raíces y la vuelve unilateral. Por eso ella olvidará y pasará por alto que todo conocimiento y todo logro (incluida la consciencia) surgen de la oscuridad originaria de la naturaleza, es decir, del inconsciente. Pero la consciencia ha llegado tan alto, que ha perdido de vista el lugar de su origen. Bajo tales circunstancias emerge compensadoramente el anima, para restablecer la relación con el origen. Con esta finalidad apareció entonces La Llorona . Ella debía conducir a los mexicanos a sus propias raíces, donde se encuentra la fuente del sentido de la vida y de su renovación, si ellos hubieran entendido y asumido su mensaje. Como esto no sucedió, desde entonces se ha apoderado del alma de los mexicanos una evidente resignación sin esperanzas. Es un hecho digno de observar que La Llorona aún hoy da vueltas vivita y coleando en todo México. No ha perdido nada de su carácter numinoso, puesto que una y otra vez causa miedo y terror a la gente. Pero si ella aún hoy deambula recorriendo el país, deberíamos suponer que nosotros los mexicanos desde hace ya cinco siglos no hemos comprendido aún a La Llorona y su mensaje. Tenemos aún en nuestra consciencia la misma actitud insuficiente e inadecuada hacia la vida, y no hemos logrado hallar la relación con nuestras raíces.