En las últimas décadas la vida religiosa ha experimentado su debilidad y pobreza, no solo numérica sino vocacional, de sentido e identidad. Desde este aparente caos e incertidumbre, el Espíritu nos ha sorprendido con sus propuestas al inspirar el surgimiento de familias carismáticas: vida y misión compartida con laicos, como un modelo de iglesia que reaviva su misión desde una nueva estructura inclusiva, multiforme y con una maravillosa gama de proyección de los carismas al servicio de nuestro pueblo. Este libro aclara muchas de nuestras dudas y miedos para acoger e integrarnos a ese dinamismo eclesial, salvando a la vida consagrada de la autoreferencialidad y enriqueciendo al laicado con la vivencia de los carismas, don de la Iglesia para el mundo.