Hablar el silencio es un desafío apasionante, una aventura arriesgada que genera miedos, inseguridad y mil excusas para no llevarla a cabo. Sin embargo, cuando nos atrevemos a introducirnos en el silencio, se abre un mundo maravilloso. Descubrimos que el silencio está habitado por mil diversas cosas que pueblan ese espacio interior, del que surgen nuestros sentimientos, estados de ánimo, pensamientos, etc. Tanto que, al poco de entrar en el silencio, nos percatamos de que está lleno de ruidos. Y que si queremos habitarlo, antes debemos vaciarnos.